Lunes, 21 Octubre 2019
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Desde el corazón de los Estados Unidos: Venezolanos en diáspora trabajan de sol a sol para enviar dinero a sus familiares.

Ante el mayor éxodo de venezolanos en la historia, producto de una hecatombe política, económica y social, que vive el país petrolero, según cifras publicadas por ACNUR, actualmente existen más de 4 millones de venezolanos refugiados y migrantes en el mundo, quienes se han visto obligados a buscar un mejor futuro para su familia, a cambio de vivir como residentes forasteros, en tierras lejanas.

Según ACNUR, después de Siria, Venezuela es el país con el índice migratorio más alto de los cinco continentes; vale decir, que unos 351 mil 114 venezolanos, apostaron por elegir a  Estados Unidos de América (EE.UU), como su nuevo lugar de residencia. Es importante destacar, que de este grupo, de manera extraoficial, aproximadamente 1 mil 356 ciudadanos, eligieron al estado de Oklahoma (OK), como su segundo hogar.

Seguir adelante:
En este reportaje, conoceremos más de cerca algunas experiencias y cómo estas personas, han sobrevivido ante una cultura diferente, un idioma diferente y un clima diferente, donde han vuelto  a nacer en las tierras de las pieles rojas, dejando atrás las certezas que los mantenían firmes en su tierra natal: un hogar, un amor, un trabajo y una familia,  y el único norte ha sido, seguir adelante, pese a las adversidades, y como si no fuese suficiente, el hecho de transitar por estos caminos de la vulnerabilidad, ellos llevan otra carga en sus hombros, “ la responsabilidad moral de ayudar económicamente a sus familiares que dejaron en Venezuela”.

Comencemos con Verónica Mora, médico cirujana, egresada de la Universidad de Los Andes (Táchira), llegó a USA en el año 2016, nos cuenta que fue muy difícil no solo por el idioma, sino que es un proceso largo para revalidar el título de médico, hay que tomar 4 exámenes, con un buen record, en un espacio de 2 años y si consigues ocupar los primeros lugares, te aceptan para una especialización, Mora, actualmente cursa segundo año en neurología en el Hospital de la Universidad de Oklahoma (OU Medical Center), lo dice con una sonrisa en los labios.

Para la galena, no todo ha sido miel sobre hojuelas, al principio tuvo que trabajar como mesera, vendedora de celulares y asistente de contabilidad, entre otros trabajos, para poder mantenerse, pero  lo más difícil, ha sido dejar a su familia en Venezuela, es hija única, y  lo que más le duele, es no estar presente físicamente con sus padres, la manera de estar presente es enviando dinero mensualmente, pero a veces surgen imprevistos, como el seguro médico de su papá que le costó $ 800 el mes pasado, o reparar carro de su mamá,  entre otros gastos.

Verónica, alienta a los migrantes venezolanos, radicados en los Estados Unidos, en su mayoría profesionales, para que “no se den por vencidos, no se dejen romper, hay que llenarse de valor y fe, hay que ser constantes para lograr la meta, se puede salir adelante, solo hay que aceptar con dignidad los tiempos duros”.

El fútbol es su pasión y aquí ha hecho su sueño realidad:
Jofren Mora, esposo de Verónica Mora, como buen gocho (es el nombre que reciben los venezolanos nacidos en los estados Táchira, Mérida o Trujillo),  le corre el fútbol por las venas, este ingeniero eléctrico de la Universidad Experimental del Táchira (UNET), trabajaba en la industria eléctrica, como jefe de planta, cuando la crisis se agudizó, él recogió sus maletas con su esposa y cambió de rumbo, para comenzar de cero en los EE.UU.

Mora inicia la entrevista diciendo: “primero llegamos a Miami, Florida, toqué la puerta en 15 restaurantes y el último me dio la oportunidad de ser cocinero, nunca había hecho ese oficio, pero a uno aquí, le cambia la mentalidad, pasé a un siguiente nivel, con año y medio de experiencia, aprendí que todo trabajo es digno”.

Relata Jofren, nos mudamos a Oklahoma City, fue el estado que nos abrió las puertas, para que Verónica continuara sus estudios de medicina y a mi me dio la oportunidad de cumplir con mi gran sueño, el fútbol. Aproveché esta oportunidad de empezar de cero, para hacer mi sueño realidad, ser un entrenador  profesional de fútbol.

Agrega, Jofren Mora, “actualmente trabajo haciendo servicios de entrega de comida a domicilio, para poder pagar mis estudios, por cuánto debo estar certificado en los EE.UU y eso es lo que haré, durante los proximos 5 años, continuaré formándome, para lograr mi objetivo, a través de la Selección Nacional de Soccer de USA.

Concluye, “es tiempo dedicación y mucho inglés, pero lo que más extraño es a mi familia y mis tradiciones y lo mejor que me ha pasado, es que voy a cumplir mi objetivo con dedicación y constancia. Pero también, ayudo mensualmente a mi abuela, tía, papá y mi mamá, envió $ 300 sino surge una emergencia, pero valió la pena vivir esto y espero que en Venezuela haya un cambio.
Pasar de tenerlo todo a no tener nada

Remontemos un poco en la quebrada historia del socialismo del siglo XXI en Venezuela, específicamente en el año 2001, cuando se produjo el paro petrolero, y se desarrolló la primera fuga de profesionales especializados  en la industria petrolera a otras regiones del planeta, en ese periodo de tiempo tan crucial, hace 18 años atrás,  Zurita Zavarce, tomó una  decisión de vida, emigrar a Oklahoma City con Diego Andrés (su hijo)  y su esposo, con una ventaja en comparación a otros inmigrantes, Zurita tenía a sus 2  hermanas mayores, viviendo en OKC desde los  80's, quienes se habían venido antes, a estudiar en la Universidad de Oklahoma (OU).

Entrevistamos a Zurita Zavarce, mientras ella cocinaba y limpiaba a domicilio, Zavarce es licenciada en Gerencia, egresada del Colegio Universitario Monseñor de Talavera, en el municipio Cabimas, ubicado en la Costa Oriental del Lago (COL), estado Zulia, ella  trabajaba en el departamento de Administración de Petróleos de Venezuela (PDVSA) y su esposo, es Técnico en Petróleo, quien trabajaba para la subcontratista, Lanchas Zulianas, en el municipio de Ciudad Ojeda, estado Zulia.

Dice la zuliana: “Mi esposo empezó limpiando mesas, y yo cuidaba a mi bebé, y estuvimos a punto de regresarnos los primeros meses, pero sabíamos que todo principio es penoso, así que decidimos seguir adelante, poco a poco mi esposo se fue especializando en la instalación de pisos de madera, y se hizo un profesional en el ramo”.

Por su parte, Zurita con mucha personalidad, nos cuenta que trabaja limpiando casas y es así como ha podido pagar los estudios universitarios de su hijo, así como también llevando una vida sencilla, sin lujos, añade: “recortamos el presupuesto, para ahorrar  y  enviarles  dinero a nuestra familia en Venezuela”.

Finaliza diciendo: “no me acostumbro a estar fuera de mi país, hasta el calor es diferente,  le agradezco a USA, porque hemos podido mantenernos y sacar adelante  a mi hijo, pero  mi vida cambió en 100% y ya nada será igual”.
Sentirte lejos es sentirte impotente

Yelitza Rojas, licenciada en administración, tiene 13 meses viviendo en Oklahoma City, dejó su profesión a un lado, para criar a sus 2 hijas, confiesa, que puede enviar dinero a su familia, pero no tiene la certeza, hasta qué punto les pueda alcanzar para cubrir las necesidades de su familia. Mi mayor dolor, mi hijo mayor se quedó en Venezuela por falta de unos recaudos, que llevan su proceso, ya que dependen del Gobierno su entrega, la embajada Americana está cerrada y es imposible realizar ese trámite en estos momentos, mi vida aquí es un estrés continuo.

Dice Rojas, “Lo dejamos todo, la casa, el rancho, los carros, la compañía sobre Servicios de Biorremediación, el cual consiste en tratar la contaminación de los pozos petroleros, porque mi familia fue amenazada de muerte a cambio de sobornos, nos han saqueado en dos oportunidades, tenemos dos años padeciendo de estas secuelas”.

Esta es la cruda realidad que viven los valientes venezolanos que migran a diferentes partes del mundo, quienes han aprendido con su historia de vida a ser unidos con sus familiares en la distancia y crear nuevos lazos de solidaridad con personas de diferentes nacionalidades, es algo nuevo, porque los venezolanos no tienen cultura migratoria, porque están aprendiendo en el camino, a ser mejores ciudadanos del mundo.

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